Proyecto Querencia: Revisitando el agradecimiento en tiempos de odio

Ilustración por Caleb Rojas
En estas últimas semanas he estado observando y sintiendo las múltiples manifestaciones del odio que se propagan a través de las prácticas de represión, el miedo y la censura en la política nacionalista contemporánea. Parte de este pensar y repensar me llevan a recordar una canción que me conmueve mucho, porque se refiere a ciertos procesos humanos como innegables e indetenibles… Me refiero a la canción escrita por el cantautor cubano Amaury Pérez, pero interpretada magistralmente por Lucecita Benítez, Creceremos:
Esta canción me lleva a explorar las muchas maneras en que el agradecimiento puede ofrecer una vía para resignificar lo que a veces parece un presente invivible. Llevo meses anotando una lista de agradecimientos que tengo hacia amistades, familiares, seres queridos y hasta ex-afectos… para pensar en narrativas alternativas del cariño en los tiempos del odio. Por eso hoy comparto una lista parcial de mi Proyecto Querencia, texto que he escrito a mano, y que sigo expandiendo según lo permiten mi memoria y mis tiempos:
AGRADEZCO:
El afecto.
El archipiélago.
El archipiélago de afectos.
Las fiesta en casa con preparativos de semanas.
Las semillas de cacao.
La palabra desasogante.
El azúcar morena turbinada.
Los boleros cantados sólo con guitarra.
Las visitas semanales durante la pandemia.
Las noches de martinis y confidencias en casa.
El grupo de utileros más embelequeros y risueños.
Las caminatas en los boardwalks de NJ y Miami.
El plan de la serenata más perfecta.
Las pepas de mangó compartidas.
Los calderos de arroz con gandules co-authored en Berkeley.
El don de la escritura.
Tu sonrisa.
La travesura.
La lingüística.
Las cartas escritas a mano.
El dislate de la seducción.
El ánimo inquebrantable en el medio de la tragedia.
El desaforado amor por la poesía.
El rescate de la palabra desparpajo.
Los cafecitos con leche en la mesita de la cocina de tu casa.
Los tres días rebuscando en los archivos de José a son de látigo, risas y cariño.
La historia compartida por los pasillos invisibles en la Universidad de Puerto Rico.
La cuchara de tu adicción que habita una nueva vida en mi cocina.
Las llamadas constantes a horas y deshoras que me recuerdan que existo.
Los mensajes agradecidos desde España.
El cuento sobre el poema dedicado de Manuel Ramos Otero.
Que me enseñaras lo que aprecio y lo que no necesito.
La canción “Más grande que grande…” interpretada por Ednita.
La búsqueda de los jugos de acerola por todo Miami.
El viaje a Venecia desde Bellagio.
Las salidas a comprar Tepoznieves en las tardes.
El amor por Puerto Rico a pesar de no haber nacido bori.
La conversación de New Jersey a Boston.
La celebración de mi cumpleaños en Boston al borde del abismo.
El haberme acompañado a las ofrendas a Yemayá.
Los happy hours en Delta’s en New Brunswick.
El CoolHaus chocolate ice cream.
Que hayas sido el objeto de mi “shoe fetish”.
El postre más delicioso de chocolate.
Los atardeceres grabados en la playa mientras me despedía de mi madre.
Las visitas a las gatas con mamá.
El que hayas encontrado y enunciado mi nombre secreto en el afecto.
Que escucharas conmigo las canciones de Silvio Rodríguez por primera vez.
Las conversaciones atropelladas sobre todas, todos y todes.
El agua destilada con una pizca de sal céltica.
Que me revelaras que la luna nueva parece una uñita recortada en el cielo.
Los vasitos de agua al lado de la cama antes de dormir.
La boda en la playa.
Que hayamos compartido la historia de una “leyenda lésbica” en La Habana
Que me enseñaras a usar las notas al calce traviesas.
El viaje al deli en Miami con el baño dedicado a Walter Mercado.
Las lecturas de fin de año llenas de sonrisas y futuros.
El amor a la música.
El contrabando de alcohol en Provo, Utah.
La caminatas semanales que se convirtieron el llamadas por skype.
Las siestas después del almuerzo.
La pasión compartida por el mapeo del Caribe.
Que fuesen mi archipiélaga en Miami, Cartagena, Lima, …
Las galletitas y chocolates del día de Navidad.
Los desayunos especiales en el balcón los domingos.
Los paseos y el maternar adoptivo en South Carolina y Charleston
Que fueses la pareja de un ex-afecto.
Las caminatas en el Malecón de La Habana.
Que quisiste tener un anillo conmigo aunque fue sólo temporero.
El amor y cuidado a través de la cocina.
El amanecer riéndonos en un pueblito costero.
Ser el conejillo de Indias para el plato perfecto.
Gluten free chocolate chip cookies.
El manicomio de chocolate y gamuza.
Los viajes anuales al DF y Tepoz en México.
El grupo de los catedráticos auxiliares díscolos.
Las espátulas.
Que esperaras a que estuviera lista para hablar sin preguntarme.
Los desayunos teóricos a las 5 am.
El anillo de $6 después de 10 años de Amistad.
Que me prepararas para sobrevibir la tristeza con música y pasos.
El instant pot.
La noche de cuentos en Princeton.
La apuesta por la amistad en momentos oscuros del alma.
Mis sobrinos.
Kayaking.
Los folios.
Que llegaste.
Las noches de películas a larga distancia por facetime.
La invitación a ser tu femme en cenas de lujo.
La borrachera con champagne en la cena de lujo para Ben.
Tu partida de mi vida a tiempo.
La pelea por Israel y Palestina.
Tu alegría inocente cuando te hago confesiones tontas.
Tu compañía en la soledad bisexual.
Que me acompañaste a irme de Puerto Rico.
La noche en Biltmore jugando con un frasco de Vicks.
El viaje a escuchar las entrevistas de Vieques.
Que me enseñaste a leer “La casa clausurada” de Manuel Ramos Otero.
La conexión caribeña en una café en el norte de New Jersey hablando sobre Lourdes Casal.
Que seas la super hermana en todo.
Que nos encontramos.
Que nos desencontramos.
Que me reconociste cuando estaba en medio de pérdidas fundacionales.
Que nacieras para salvar a mi hermana.
Que me escucharas en vez de diagnosticarme
Que me llevaras al mapario de Boston.
Los huevos a la bechamel.
La acogida de mi familia queer en Gainsville, Atlanta, Puerto Rico.
Que le has puesto el cuerpo a mi regreso a Puerto Rico.
Las sonrisas en medio del cansancio.
La cama acogedora cuando ya no estaba José.
Que me enseñaste la diferencia entre ser inevitable y ser inalcanzable.
El refugio con sopón caribeño en Atlanta en medio del huracán Irma.
Que me maternaste cuando ya no estaba mamá.
Que hiciste una comedia del sobre manila que encontraste en casa de mamá.
Las fotos de la infancia.
Que me enseñaste que “la casa es la escritura…”
El fin de semana organizando los papeles del archivo de papá.
El vaje a la playa a dejar las cenizas de tu padre.
Que fuiste mi editorx, mi traductorx…
Que me dejaras escribir sobre lo que me diera la gana cuando dirigiste mi tesis.
Que eres le mentore de la querencia.
Que has sido el único estudiante que hizo pay-back en vez de pay-forward.
Los fines de semana en Aguada.
El sentido del humor y las amanecidas en las conferencias académicas.
Que me acogiste cuando estaba llorando en Arizona, Colombia, Nueva York.
Que no tuviste miedo a ser honesta cuando todos me estaban dejando sola.
Que quieras a José.
Que te fuiste.
El sueño de los pies enredados en los cables.
Que compartieras a Sergio Chejfec con nosotros.
Los comités de apoyo en Princeton.
Que me dejaras ser una de tus tías postizas en Miami.
Que has cuidado tanto a Pajarito.
La receta secreta del coquito.
Que nos ayudaste a desmontar los libreros en Easton Avenue.
Los almuerzos Cuban-Rican en Miami.
Las complicidades del Grupo Pachanga en Filadelfia.
Que me hiciste ver Betty la Fea contigo para salir de la depre
Que fuiste un mentor generoso y desprendido de mis estudiantes.
Que eres mi “perfect match” en Ok Cupid y en Miami.
Que nos dejaste acompañarte en tu tránsito de él a ella.
La solidaridad con Palestina.
Que encontraste el archivo queer argentino y lo compartiste con el mundo.
Que cruzaras el pasillo del silencio para hablarme.
Que me defendieras ante un insulto público que los demás fingieron no escuchar.
El poema de las sirenas.
Que fuiste el único vecino de oficina que me traía agua para que me hidratara.
Que te imaginaste la casa que necesitaba sin haber visto nunca mis libros.
Que me pediste que dirigiese tu tesis porque querías “fuete”.
Que me cuidaron cuando dirigí un departamento durante una pandemia y un external review.
Que fuiste la mejor sobrina que pude imaginar.
Que me mostraste la cara de la inseguridad.
Que me confundiste con tu madre.
La tortilla española.
Escribir.
La palabra recoveco.
La palabra majadero.
Que escribiste El horizonte y otros regresos.
Que fuiste el peor jefe de departamento, de quien aprendí lo que no se debe de hacer.
Que fuiste el mejor jefe de departamento, de quien aprendí lo que sí se debe de hacer.
Que fuiste mi mentora y mi amiga después de que te dije que tu primo era mala persona.
Que me cuidaste mientras estaba sola y rota en Harvard.
Que me quisiste más de lo que yo podía ofrecer y merecer.
Que has sido el sobrino que le da continuidad a nuestra genealogía queer en la familia.
Que me acogiste en tu casa con panes sin gluten y jaleas.
Que has sido la mentora más inusual y original que un estudiante subgraduado puede tener—my maker.
Que me sacaste a pasear en Santa Cruz.
Que compartiste la historia de tu vida y confiaste en que la iba a cuidar.
Que me defraudaras para poder seguir con tu vida.
Que me digas que me quieres aunque no aceptas mi “estilo de vida”.
Que te hayas conmovido con mis vicisitudes al punto de las lágrimas.
Que me acompañaste durante el caso de tenure de pesadilla en Rutgers.
Las mermeladas de mangó y blueberries…
El amor a las fotos artísticas.
Que me enseñaste que maternar no es sinónimo de abnegarse.
El arroz con cebolla.
Las caminatas de la memoria.
Las lecturas mágicas de fin de año.
Las memorias cubanorriqueñas compartidas en Puerto Rico y Miami.
Las risas por los cemíes que se le esconden a los seres humanos.
La escritura histórica lírica.
La oficina con la puerta siempre abierta para los estudiantes graduados en Berkeley.
La indignación ante el fin del mundo.
El sentido del humor en el medio de tiempos tristes o trágicos.
Los almuerzos y cenas en la soledad de New Jersey.
El deseo de vínculos con un archipiélago de afectos.
Encontrarme en la baraúnda del mundo.
Las heliopíntaras.
El archipiélago de afectos.
El archipiélago.
El afecto.