El porvenir del sujeto deseante en la pandemia

Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte.
Sigmund Freud[1]
Llamado a sobrevivir
El encierro (in)voluntario será el precio justo a pagar, para salvar vidas. Es un llamado a la supervivencia. De inmediato, un vistazo psicoanalítico hace proliferar las interrogantes: ¿Quién llama? ¿De qué se trata ese llamado? ¿Qué vida se llama a preservar? ¿Qué se juega allí para el sujeto y qué sujeto está en juego allí? Habrá que hilar fino para precisar el alcance de la fuerza interpeladora de ese llamado y el calibre de las respuestas que suscita en cada sujeto. Si bien todo el colectivo humano está inmerso en esta experiencia y es insoslayable que hay poblaciones cuya previa precariedad hace muy onerosa su supervivencia, no por eso hay que minimizar lo que trastoca a todos en la singularidad de su sufrimiento. De una manera u otra, cada quien confrontará no sólo lo que trae el COVID-19 según sus circunstancias, sino también los avatares de su historia y lo que de ello puede engancharse en la pandemia.
¿Qué se entiende convencionalmente como la capacidad humana para sobrevivir? El vocablo supervivencia hace referencia a la continuación de la vida después de una situación adversa, de peligro o apunta a vivir con los medios indispensables. No es difícil captar ahí una apuesta al instinto de conservación. Noción que construye al sujeto como un organismo siempre listo para responder cuando algo amenaza su vida. No obstante, dicha noción conduce al engaño ya que no sólo confunde las pulsiones con los instintos, al cuerpo con el organismo y el deseo con la necesidad, sino que también ignora la primacía del orden simbólico en el ser humano y oblitera la distinción esencial entre naturaleza y cultura.[2]
Habrá que invocar la distinción que hace el psicoanálisis entre instinto (instinkt) y pulsión (trieb). El instinto[3] es una respuesta relativamente rígida e invariable de los animales, que obedece impulsos automáticos para responder a los estímulos tanto internos como ambientales. En cambio, la pulsión es propia de los humanos. Esta difiere de los instintos, en tanto que extremadamente variable y depende de la historia de vida del sujeto. La pulsión produce un exceso de energía cuya fuerza constante empuja al humano más allá del principio del placer y que puede tomar una ruta destructiva. Ahí es donde entra a jugar la ética psicoanalítica como se verá más adelante.
El lenguaje, dirá Cantin[4], nos ha transformado en sujetos a una lógica distinta a la de la biología, ya que nos exilia del reino animal regulado por la satisfacción natural de las necesidades. La necesidad apunta a la satisfacción completa por la apropiación de un objeto específico y adecuado. Sin embargo, la captura originaria del ser humano en el lenguaje desvía al sujeto de esa forma de satisfacción total. Es también el lenguaje lo que produce un cuerpo que contrasta con el organismo animal regulado exclusivamente por necesidades. El cuerpo humano exiliado de esa lógica lo coloca irrevocablemente del lado del ser. El ser está del lado del deseo, ya que el lenguaje le impone una falta radical que lo aleja del goce inmediato de un objeto que no corresponde a lo que busca. Es esa falta inherente al lenguaje la que crea el deseo. Hay deseo porque hay algo imposible. Ese deseo es irreductible en tanto que sin objeto y posibilidad de que este satisfaga, lanza al sujeto a una búsqueda imparable por aquello que falta, a la que es imposible renunciar. Esa búsqueda que insiste inexorablemente será el eje central de estas reflexiones.
Llamado a la adaptación
¿Qué se pide al sujeto cuando se le exhorta a sobrevivir a las circunstancias adversas? ¿Qué respuesta se espera de él ante lo que ya produce y dejará la pandemia? Para decirlo rápido: se espera de él la adaptación. La consigna hoy día es: “la pandemia, va a requerir aprender a vivir con la nueva normalidad”. Léase al azar cualquier artículo[5] acerca lo que dejará el COVID-19 en el mundo. Se entrevista a los llamados expertos para que nos aconsejen al respecto. Allí se nos pide aceptar la nueva normalidad que ha llegado para quedarse. ¿Normalizar un estado de excepción?
Por contraste, el psicoanálisis da cuenta de una suerte de paradoja que se produce en el sujeto llamado a la adaptación. Jaques Lacan, crítico de la vulgarización del psicoanálisis que lo redujo a la práctica de la psicología del yo, denuncia la misma como un instrumento de control social. La meta sería ayudar al paciente adaptarse a la realidad. Lo que comporta un ejercicio de poder, por la vía de la sugestión que impone al sujeto la versión de la realidad de un terapeuta “saludable y adaptado”. Dentro de esa lógica, las llamadas patologías suponen una desviación de lo normativo a corregir. Sin embargo, el psicoanálisis es una práctica subversiva cuyo norte es cuestionar la sensación ilusoria de la adaptación, puesto que esta bloquea el acceso a lo inconsciente. La meta acá será mostrarle al yo del sujeto que más bien ¡se encuentra demasiado adaptado a la realidad! La realidad construida desde el lenguaje que precede a su nacimiento y le dicta cómo debe pensar, sentir y actuar.
A su vez, el psicoanálisis hace observar que, paradójicamente, todo sujeto es más bien un inadaptado. Quiérese decir con esto que la inscripción del humano en el orden simbólico lo arranca de la naturaleza para insertarlo en la Cultura; tal como lo planteaba Freud[6], en menoscabo de su vida pulsional. En esa óptica, el exceso pulsional hará síntoma en tanto no hay lugar allí para desear. Lo que tampoco constituye un problema de salud mental, sino una respuesta a la sofocación de las pulsiones que la Cultura demanda. No obstante, lo pulsional no cede por lo que el sujeto intenta adaptarse, pero no lo logra. Es a lo que apunta en su existencia sintomática. Si la Cultura no logra reducir dicho exceso por la vía de la adaptación y este sigue su curso en la repetición de un goce mortífero que decanta del lado de la destrucción; ¿qué aporta el psicoanálisis para facilitar otra ruta que ponga a trabajar la pulsión en favor del sujeto y que incida de otra manera en su vínculo social? Para responder a la pregunta, habría que considerar también lo que se juega para el sujeto frente a la inevitabilidad de su muerte.
Desilusión, transitoriedad y muerte
El psicoanálisis freudiano aborda el tema de la confrontación con algunas de las adversidades que ponen en contacto al sujeto con la finitud de su existencia. Es interesante observar cómo el pensamiento de Freud transita a partir de una captura aguda de la desilusión que produjo la primera guerra mundial[7], mientras trata de mantenerse optimista frente a lo transitorio de todo[8]; para girar de nuevo hacia consideraciones acerca de la ilusión del porvenir[9] que la Cultura fomenta. Freud hace ver cómo la adversidad de su tiempo daba al traste con el porvenir de la ilusión contenida en las producciones culturales de la ciencia y la religión. Las ideas de progreso, bienestar y felicidad a las que la ciencia y el dominio de la naturaleza debieron contribuir y también el amparo que se espera de la religión se desvanecían al confrontar los cambios que la guerra impuso.
Hace poco un colega en un seminario virtual, típico de este tiempo, ponía de manifiesto que ya se conocía de las probabilidades de que una pandemia de esta magnitud pudiera desatarse. No obstante, no se quiso saber nada de eso. Una negación conveniente para resguardarse del desamparo. La similitud de ese estado de cosas con el escenario de la primera guerra mundial es llamativa. Freud expresa: “la guerra en la que no quisimos creer, ha estallado ahora y trajo consigo la desilusión”. Acá en nuestro tiempo estalló la pandemia en la que no se quiso creer. El “enemigo” en forma de virus, para colmo invisible, provoca desolación el mundo. Hoy tampoco ilusiona el porvenir en tanto que ni religión, ni ciencia y mucho menos el Estado logran servir de amparo en este tiempo virulento.
Freud[10] declaraba también que la desilusión provocada por la guerra produjo un cambio en la actitud cultural-convencional hacia la muerte. A la muerte, nos dice Freud, hemos intentado matarla con el silencio. El ser humano no querría concebirse mortal. Sin embargo, la guerra barrió con este tratamiento convencional de la muerte. Esta ya no se deja desmentir pues es preciso creer en ella. Los hombres mueren realmente, y ya no individuo por individuo, sino multitudes de ellos en un solo día. La mortandad que asola hoy al planeta muestra desnuda nuestra condición finita. Ha llegado el momento de desbrozar cuál sería el saldo de estas consideraciones.
Las interrogantes en torno a la existencia
El vacío que se abisma sobre el sujeto durante su encierro por el COVID-19 es caldo de cultivo para las interrogantes en torno al sentido de la existencia. Mi experiencia de trabajo reciente en la clínica así lo constata. Muchos de mis analizantes más jóvenes, antes de la pandemia ya traían a las sesiones sentirse apesadumbrados, en tanto nacidos y criados en un momento histórico en el que se han convencido de que eventualmente no habrá un mundo para ellos. No habría futuro para hacer espacio a sus aspiraciones. Los otros, menos jóvenes, también previo a la pandemia ya declaraban estar hartos de la falta de un proyecto personal o sentido de propósito. Muchos están atrapados en un empleo para pagar cuentas a fin de mes. Por lo que se cuestionaban si ya se les habría hecho tarde para hacerse un lugar en el mundo cónsono con los sueños claudicados para cumplir con exigencias de la llamada adultez. No obstante, los unos y los otros confrontados con el sinsentido de la pandemia, no cesan de plantearse si ya es hora de crear las condiciones para forjarse otra forma de vivir. Es decir, construir otra vida para salir del secuestro laboral y social que emula a la rata corriendo en la rueda que gira y gira, pero se queda en el mismo sitio (“rat race”). Modo de existir que también supone una lucha por sobrevivir alejando al sujeto de su deseo. Es decir, una carrera sin pausa para cumplir con deberes asignados que los deja dando vueltas en el tedio. Aparece también, con frecuencia, una queja que reza: “me han dicho que debo agradecer contar con un empleo, que no carezco de lo más básico, que al menos tengo mejores condiciones”, etc. ¿Qué es lo que habrá que agradecer y a quién? ¿Acaso colocar un plato sobre la mesa de la familia y pagar las deudas es todo a lo que un sujeto debe aspirar en su vida? ¿Acaso será esto suficiente para hacer subsistir el valor de la existencia?
El peregrinaje desde una existencia que mata hacia la liberación que hace vivir
En medio de mis reflexiones acerca del trabajo clínico, durante la pandemia, fue oportuno ver la miniserie titulada Unorthodox[11].
El guión toma como base el libro con el mismo título que recoge las memorias de Deborah Feldman. Una joven perteneciente a la comunidad judía ultra-ortodoxa hasídica radicada en Brooklyn, encarnada en el personaje de Esty. Se trata del camino escabroso que ella recorre en tránsito a renunciar a los preceptos de su cultura. El llamado a convenir en un matrimonio por arreglo para concebir de inmediato y dedicarse a criar, a las tareas domésticas y sumisa al esposo con exclusión de su deseo de dedicarse a la música. Pues a los ojos de esa comunidad, la carrera musical estorbaría consagrarse a la misión asignada a las mujeres. El personaje de Esty es paradigmático del sujeto inadaptado en su adaptación. Escena tras escena, muestra su oscilación entre la esperanza de hacer una buena vida con marido e hijos a la vez que se angustia en medio de los rituales conducentes al matrimonio. Una vez casada, crece su pesar al ver transcurrir el sinsentido de su existencia. Con valentía inusitada elige salir de su comunidad para hacer otra vida en Berlín. Algunos analizantes, ya avanzado su trabajo en mi clínica, me dejan saber que el peregrinaje de Esty les pareció una metáfora que recoge algo de su experiencia en análisis. Un proceso que da cuenta de sus propias luchas para salir de la cárcel de diversos imperativos.
Un otro llamado
¿En qué consiste el llamado psicoanalítico? En medio de la adversidad que nos ocupa con motivo del virus letal que recorre el globo, ¿qué ofrece el psicoanálisis a los efectos de dignificar la vida, más allá de la mera preservación de la existencia? El psicoanálisis llama al sujeto a producir una salida otra que la adaptación, para dar un lugar al deseo inconsciente y gestionar la pulsión por la vía de la creación. De lo que puede derivarse que los seres humanos no estamos hechos para sobrevivir, estamos hechos para crear. Eso vale para cualquier condición, en la holgura y en la precariedad. Honroso ejemplo son algunos proyectos de orientación psicoanalítica, diseñados acorde con las dificultades inherentes a la pobreza en algunos barrios del país. Cabe destacar los esfuerzos de trabajo[12] post-María cuyo alcance incluye tanto facilitar la auto-gestión así como sostener una escucha que facilite apalabrar el dolor. Escucha tanto para dar espacio a procesar las pérdidas de las que el Estado se hace la vista larga, así como para dar un lugar a lo que remite a la realidad psíquica singular de cada sujeto, al confrontar la devastación provocada por el huracán. Tanto el proyecto mismo, como lo que cada residente de los barrios gestiona, son actos creativos motorizados por la energía pulsional de cada uno. Trabajo comunitario que inventa otra forma de hacer vínculo con los otros.
Sin duda, tanto en la experiencia de un fenómeno atmosférico de ese calibre como en la pandemia actual se asoma nuestra condición mortal. Habrá que volver a Freud[13] y leer otra propuesta paradojal y sorprendente en sus elaboraciones en torno a la actitud hacia la muerte, a propósito de los eventos bélicos que inspiran su escrito. Freud hace notar que allí que a la vez que el sujeto se sabe mortal, desde su inconsciente está convencido de su inmortalidad. Esto es, dice Freud, nuestro inconsciente no conoce en absoluto ninguna negación pues los opuestos coinciden en su interior. Por eso, en el fondo, nadie cree en su propia muerte. A lo que añade que nada pulsional en nosotros solicita la creencia en la muerte. Y que quizá sea este el secreto del heroísmo. Con lo que invoca al héroe que nos habita a todos. Ese sujeto que arrostra el peligro con los recursos de su inconsciente, en tanto que este trabaja para él a la hora de producir un saber sobre su deseo. Lo que me recuerda a quien fue mi analista cuando solía decirme: “el inconsciente es tu amigo”.
Ahora bien, ¿cuál es el peligro que ese héroe se apresta a confrontar? Willy Apollon[14] nos da la pista cuando irá a decir que, para el individuo, separarse de la conciencia colectiva que define los límites de lo recibible en el lenguaje y por tanto aceptable para la cultura como expresión de la civilización, constituye un riesgo máximo. El riesgo de hablar de aquello que es insoportable para el vínculo social[15].
El héroe sólo saldrá a la luz cuando el sujeto renuncie a la cobardía yóica que lo inhibe de tomarse el riesgo a pagar el precio de convertirse en un extranjero en el mundo que lo llama a continuar reproduciendo un orden que ya no le sirve. Al yo del sujeto le sería innegable que le llegará la hora de dejar este mundo. A su vez, su inconsciente donde habita el deseo lo invita a perseverar para dejar una huella que lo inmortalice. Una apuesta por el deseo que lo encumbre a construir el valor de la vida más allá de su existencia. Entonces, ¿cómo es que el sujeto de lo inconsciente logra abrirle paso al héroe que lo habita?
Sujeto de la búsqueda, sujeto del inconsciente, sujeto del deseo
Willy Apollon[16] declara que el humano busca algo, no sabemos lo que es. Con lo que introduce el concepto novel “Le Sujet de la quête” ó “Subject of the quest”[17], cuya traducción precaria sería: Sujeto de la búsqueda. El concepto pone de relieve al sujeto que no es “self” pues se refiere al parlêtre de Lacan. Neologismo lacaniano que recoge al ser que habla: parler-hablar, lêtre-ser. Al sujeto de la búsqueda lo encontramos en la dimensión del espíritu, que como advierte Apollon, no hay que confundir con la religión. Dimensión que comprende cuatro polos: representaciones mentales puras (Kant), energía creativa, el deseo y una búsqueda imparable que trasciende la existencia. Esa búsqueda no se refiere a una misión por encargo del Otro, sino que apunta a una expedición, viaje o salida que emprenderá cada sujeto por sí mismo. En ese viaje, al sujeto lo hace andar su energía pulsional (“free drive”) cuyo ser ya no se dedicará a la supervivencia o la adaptación. Energía que, a partir de entonces, sirve para modificar concretamente su entorno. Esa búsqueda que el deseo sostiene, establece al sujeto humano en su capacidad para crear su propio espacio de vida. Apollon también expresa que la realidad impuesta por el lenguaje en la civilización deja una parte de esta búsqueda intacta. Esta parte intacta de la búsqueda y de la creatividad del ser humano escapa al control de la civilización dentro de los límites que impone la Cultura. El sujeto de la búsqueda mantiene, en el corazón del ser que habla lo irreductible del deseo a partir del cual crear otra cosa. Ya decía Lacan que el deseo no es una relación con un objeto sino con una falta que le da origen. El deseo es siempre deseo de alguna otra cosa; deseo de ser que conduce a crear una nueva presencia en el mundo. [18]
El llamado a una salida estética
Apollon[19] explica que hay una serie de situaciones en las que el niño confronta una soledad inesperada. Por cuanto en el lenguaje que le es impuesto no encuentra los significantes que recojan esas experiencias, el niño se encuentra en una soledad absoluta. Es lo que Cantin[20] llama el trauma del lenguaje. El infante morirá si no es reconocido por el otro, por lo que hará cualquier cosa que este le demande con tal de sobrevivir. Apollon[21] dirá que esto lo hace emprender el trabajo de sobrevivir también al otro que le impone imperativos. Ese trabajo lo realiza mediante el juego, pues cuando juega el niño puede ser como quiere. Por eso es que Apollon[22] también afirma que ante ese trauma el único recurso del infante es la dimensión de la estética. Allí, donde el sentimiento de lo bello y lo sublime estructuran su espacio espiritual. Espacio en el que el sujeto preserva su deseo y asegura la permanencia de su creatividad. Freud[23] nos asiste para comprender cómo un sujeto mantiene ese espacio. Observa que en el niño que juega pueden encontrarse las huellas del quehacer poético. El niño cuando juega se comporta como un poeta ya que mediante su actividad lúdica crea un mundo propio desde el que inserta las cosas en un nuevo orden. He ahí el recurso estético del que habla Apollon. Por otro lado, Freud constataba en su clínica que el adulto, a quien le es prohibido jugar, pues se le exige ahora actuar en el mundo real, se entrega secretamente al fantaseo. Esto es, le es difícil confesar que fantasea ya que se avergüenza de ello, sabiendo que se le exige actuar con seriedad. Le es preciso esconder los deseos productores de sus fantasías ya que puede parecer un infantil. No obstante, Freud daba la bienvenida a las fantasías prohibidas para abrir espacio al sujeto deseante.
Es así como el trabajo analítico propicia la reaparición del valor estético del sueño diurno, como también llama Freud al fantaseo. Recurso con el que el adulto puede volver a ponerse en contacto con su deseo. He ahí donde el psicoanálisis se instala en una práctica ética distinta de la moral normativa de la Cultura, en tanto que ofrece un dispositivo para sustentar el trabajo del Sujeto de la búsqueda inconsciente. La moral llama a conducirse dentro de los límites que la sociedad impone. No obstante, el exceso de la pulsión que desborda esos límites lo instala en un goce destructivo. Por contraste, la creación estética será una forma de lidiar con ese goce. El ser humano tanto puede matar o autodestruirse como hacer música. La ética psicoanalítica se pone al servicio del humano para tramitar la pulsión por una ruta otra que la del goce mortífero. Tal como propone Apollon[24], habría que hacerle espacio al parlêtre, para poner al ser al servicio del futuro de lo verdaderamente humano (“the true subject”) que la Civilización rechaza. Por lo que también comenta Apollon[25] que quien llega a un análisis entra en el proceso con muchas voces. La función de un análisis es facilitar al analizante descubrir su propia voz. La voz de su ser ocluida en las voces o los significantes impuestos por el Otro.
Prepararse para la muerte
¿Qué será lo que está implícito cuando Freud afirma que soportar la vida requiere prepararse para la muerte? Es que el sujeto no podrá eludir el malestar inherente a vivir. El sufrimiento ataca desde tres fuentes principales: la hiperpotencia de la naturaleza, la fragilidad de nuestro cuerpo y los vínculos recíprocos[26]. Entonces, ¿de qué se tratará prepararse para la muerte a los fines de lidiar con ese malestar de vivir? He ahí el trabajo que ocupa al psicoanálisis. Puede decirse que una forma de prepararse para la muerte es meterle el cuerpo a una obra que inmortalice al sujeto finito ya sea en lo que se dibuja en un monumento o en la forma del granito pequeño que compone, a fin de cuentas, a la arena toda. Crear a partir del vacío, con la materia prima que surge de la experiencia del desamparo y el sinsentido para hacer proyecto de vida. Hoy, el estado de cosas, requiere con urgencia vincularnos de una manera nueva con la cual traer a nuestro mundo lo más humano del sujeto: el llamado de su inconsciente a no ceder su deseo. Este es el llamado a una salida estética. La est(ética) que Lacan[27] propone cuando formula la pregunta: ¿Ha actuado usted en conformidad con el deseo que lo habita? Ciertamente cada sujeto ahí interpelado tendrá que producir sus propias respuestas, para introducir una nueva presencia en el mundo que aporte a la creación de un lazo social inédito.
En ese ánimo, me hago eco de la canción que lleva por título Constant Craving, de la canta-autora canadiense K.D. Lang. Con esta estrofa les invito a marchar valientemente hacia lo que llama desde debajo de la piel.
Even through the darkest place, be it thick or thin.
Always someone marches brave, here beneath my skin
And constant craving, has always been.
Maybe a great magnet pulls, all souls to what’s true
Or maybe it is life itself, that feeds wisdom to its youth
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[1] Freud S. (1999 [1915]) Obras Completas. De guerra y de muerte. Temas de actualidad. Argentina: Amorrortu Editores. Vol. XIV, (pág. 301).
[2] Dylan E. (1997) Diccionario introductorio de psicoanálisis lacaniano. Argentina: Editorial Paidós. (págs. 44-45).
[3] Dylan E. (1997) Diccionario introductorio de psicoanálisis lacaniano.Argentina: Editorial Paidós. (pág. 112).
[4] Cantin, L. (2002) The trauma of language. En After Lacan: Clinical practice and the subject of the unconscious. New York: SUNY Series, University of New York. (pages 36-37, 39-40).
[5] García-Soriano S. (2020 mayo, 28) La psicología de la “nueva normalidad”. Revista electrónica La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/participacion/cartas/20200528/481425260079/nueva-normalidad-psicologia-emociones-convid-19-pandemia.html
[6] Freud S. (1999 [1930]) Obras Completas. El malestar en la cultura. Argentina: Amorrortu Editores. Vol. XXI (pág. 60).
[7] Freud S. (1999 [1915]) Obras Completas. De guerra y de muerte. Temas de Actualidad. Argentina: Amorrortu Editores. Vol. XIV (pág.280).
[8] Freud S. (1999 [1916]) Obras Completas. La transitoriedad. Argentina: Amorrortu Editores. Vol. XIV (pág. 309).
[9] Freud S. (1999 [1927]) Obras Completas. El porvenir de una ilusión. Argentina: Amorrortu Editores. Vol. XXI (págs. 15-20).
[10] Freud S. (1999 [1915]) Obras Completas. De guerra y de muerte. Temas de Actualidad. Argentina: Amorrortu Editores. Vol. XIV (pág. 290).
[11] Alexa K., Anna W. & Maria S. (Excecutive productors) (march 2020-until now) Unorthodox [Television Mini-series] Real Film Berlin / Studio Airlift. Distribuida por Netflix.
[12] Noboa-Ortega, P. & Soto-Arzat, A. (2019) De perderlo todo en un instante… a construir junto a otros nuestros espacios. Polimorfo # 6 (págs. 165-179).
[13] Freud S. (1999 [1915]) Obras Completas. De guerra y de muerte. Temas de Actualidad. Argentina: Amorrortu Editores. Vol. XIV (pág.297).
[14] Apollon, W. (2017) The subject of the quest. (Texto inédito) Conferencia dictada durante la celebración de Clinical Days con el Cloud Circle.
[15] Apollon, W. (2015) Objectives of the analysis and clinical aspects of psychoanalytic concepts. Yearly training seminar in Lacanian Psychoanalysis. Second year program (June 1-5)
[16] Apollon, W. (2015) Objectives of the analysis and clinical aspects of psychoanalytic concepts. Yearly training seminar in Lacanian Psychoanalysis. Second year program (June 1-5)
[17] Apollon, W. (2017) The subject of the quest. (Texto inédito) Conferencia dictada durante la celebración de Clinical Days con el Cloud Circle.
[18] Dylan E. (1997) Diccionario introductorio de psicoanálisis lacaniano. Argentina: Editorial Paidós. (págs. 68 y 69)
[19] Apollon, W. (2017) The subject of the quest. (Texto inédito) Conferencia dictada durante la celebración de Clinical Days con el Cloud Circle.
[20] Cantin, L. (2002) The trauma of language. En After Lacan: Clinical practice and the subject of the unconscious. New York: SUNY Series, University of New York. (page 35).
[21] Apollon, W. (2015) Objectives of the analysis and clinical aspects of psychoanalytic concepts. Yearly training seminar in Lacanian Psychoanalysis. Second year program (June 1-5)
[22] Apollon, W. (2017) The subject of the quest. (Texto inédito) Conferencia dictada durante los Clinical Days con el Cloud Circle.
[23] Freud S. (1999 []) Obras Completas Sigmund Freud. El creador literario y el fantaseo. Argentina: Amorrortu Editores. Vol. IX (págs. 127- 29).
[24] Apollon, W. The subject of the quest. (Texto inédito) Conferencia dictada durante la celebración de Clinical Days con el Cloud Circle.
[25] Apollon, W. (2015) Objectives of the analysis and clinical aspects of psychoanalitic concepts. Yearly training seminar in Lacanian Psychoanalysis. Second year program (June 1-5)
[26] Freud S. (1999 [1930]) Obras Completas. El malestar en la cultura. Argentina: Amorrortu Editores. Vol. (pág.85).
[27] Lacan, J (1991) El Seminario: La ética del psicoanálsis. Argentina Aires: Editorial Paidós. (pág. 373).